Antoni Capell, 92 años: “Si un médico alguna vez te dice que te pasa algo porque eres viejo, cambia de médico; ser mayor no es ninguna enfermedad”
TENIS DE MESA
La combinación de actividad física y agilidad mental que exige el ping-pong puede mejorar la función cognitiva, ayudar a retrasar su deterioro y favorecer un envejecimiento más activo
Antoni Capell, 92 años, juega cada miércoles a ping-pong
27/04/2026 08:16
La primera vez que Antoni Capell (Barcelona, 1933) cogió una pala de ping-pong tenía 8 años. Sus padres compraron una mesa de comedor “de esas que se alargaban”, donde aprendió a jugar al tenis de mesa con sus cinco hermanos en un piso del barrio de Gràcia. A sus 92 años, a punto de cumplir 93, lo recuerda con nostalgia y claridad minutos antes de iniciar su clase semanal de ese mismo deporte en un pequeño pabellón de Sant Cugat.Hace un año y medio que Capell acude cada miércoles, siempre que la salud se lo permite, a estos entrenamientos, donde su energía y entusiasmo se han convertido en una fuente de inspiración para el resto de sus compañeros. “Podría ser el padre de muchos de ellos, porque a la mayoría les saco 20 años”, comenta con humor a La Vanguardia, mientras se prepara para entrar en la pista.
Formado por casi una veintena de jugadores de entre 60 y 90 años, este grupo de entrenamiento nació a principios de 2025 de la mano del programa Grifols Social Initiatives (GSI) y la Unió Esportiva Sant Cugat (UESC). El objetivo: ofrecer a las personas mayores un espacio donde mantenerse activas, disfrutar del deporte y combatir tanto el sedentarismo como la soledad no deseada. “Lo que más me gusta de venir a jugar es el rato con los compañeros, los ejercicios y esos movimientos que no sabes si te saldrán bien, y que a veces te sorprenden. Ya no tenemos los reflejos de antes, pero es muy divertido, y es de las pocas actividades que puedo practicar”, cuenta Capell, que se mantiene en excelente forma a su edad, mientras se agacha sin complicaciones a recoger una pelota del suelo.
Manel Redondo, el entrenador del grupo de ping-pong de mayores de la UESCCedida
A pesar de que Antoni atribuye su longevidad a una combinación de azar y buena genética, pues su madre vivió hasta los 99 años con la mente intacta, son varios los estudios que han puesto el foco en los beneficios del tenis de mesa en personas mayores. La combinación de actividad física y agilidad mental que este deporte requiere puede contribuir a mejorar la función cognitiva y ayudar a retrasar su deterioro, además de favorecer un envejecimiento más activo.
Àngel Sisó, médico integrante de la unidad de Ortogeriatría del Hospital Vall d’Hebron, destaca que el ping-pong puede desempeñar un papel fundamental en términos de fuerza muscular, equilibrio, prevención de caídas, fragilidad y sarcopenia, además de reducir la grasa corporal y mejorar el rendimiento físico.La interacción con otros jugadores favorece las relaciones y mejora el estado de ánimo al reducir la ansiedad y la soledad Àngel Sisó Médico de Ortogeriatría del Hospital Vall d’Hebron A nivel cognitivo, también supone un desafío mental constante, ya que el jugador debe procesar en tiempo real la velocidad y el efecto de la pelota, anticipándose a los movimientos del rival. “Esto favorece el tiempo de reacción, la coordinación, las funciones ejecutivas y la atención”, explica el doctor. Y añade que otro de los beneficios principales es la interacción social que el deporte conlleva.
“La interacción con los jugadores favorece el mantenimiento de relaciones interpersonales, jugando un papel clave en el estado de ánimo al reducir factores estresantes como la ansiedad y la soledad”, reflexiona. Manel Redondo, el entrenador del grupo, es testigo del buen ambiente que se respira durante la actividad. Además de las clases, los jugadores también suelen reunirse para hacer alguna comida o pica-pica cuando se acerca alguna festividad señalada. “El ambiente es muy sano y se lo pasan genial. Hay quien es más bromista, pero al final se trata de gente haciendo un deporte que le gusta, manteniéndose activa y disfrutando”, explica.
Algunos, como Capell, ya tenían nociones básicas del tenis de mesa antes de llegar a la UESC, pero muchos otros aprenden desde cero. Josep Maria Piza Aguilera, de 74 años, recuerda haber jugado de pequeño, pero no fue hasta que se inscribió en el grupo en enero del año pasado cuando empezó a mejorar su técnica.
Josep Maria encontró en este deporte una forma de llenar el vacío que le dejaron los problemas físicos al impedirle seguir practicando las actividades que había disfrutado toda su vida. “Ya no podía montar bien a caballo, esquiar o hacer escalada… no hacía nada. Entonces pensé que con el ping-pong al menos jugaría un poco mejor mañana que ayer. Por eso lo empecé. Y poco a poco lo estoy consiguiendo”, admite orgulloso.
Ya no podía hacer muchos deportes y pensé que con el ping-pong al menos jugaría un poco mejor mañana que ayer; poco a poco lo estoy consiguiendo Josep Maria Piza Aguilera 74 años
Su entrenador coincide y subraya que el tenis de mesa es un deporte muy agradecido para principiantes, ya que, a diferencia de otros, en el nivel de iniciación no requiere una gran preparación física. Es una actividad de intensidad suave que, a medida que se progresa, va exigiendo cada vez más esfuerzo. “Esto es muy positivo porque, conforme mejoran, también aumentan su nivel de actividad. Es una buena manera de ir incrementando poco a poco el acondicionamiento físico y mejorar la calidad de vida a través del deporte”, añade Redondo.
La edad tampoco determina quién gana más puntos en el pabellón. Y si no, que se lo digan a Rafel Bagot, el integrante más joven del grupo con 55 años. “Esto no es un juego de potencia, sino de técnica y experiencia, y hay quienes juegan muy bien y dan mucha guerra. No siempre gano los partidos”, bromea. Bagot llegó al grupo buscando un lugar donde practicar el deporte y, aunque saca unos 20 años a la mayoría, ya los considera casi parte de su familia.
El éxito del proyecto ha sido rotundo. Se inició hace poco más de un año con tan solo cuatro participantes fijos, y ahora ya cuentan con 18, hecho que ha llevado a la UESC a abrir otro grupo el viernes por la mañana para ampliar la oferta. Además, cuentan con un grupo específico para personas con Parkinson, ya que este deporte también aporta beneficios en el abordaje de la enfermedad.
Antoni, que fue de los primeros en apuntarse en las clases de los miércoles, lleva en su mochila, junto a su pala enfundada, un libro que deja a cada nuevo integrante que llega al grupo. Se llama No dejes que el viejo entre en casa, de Alfons Durán-Pich, un ensayo de divulgación y reflexión personal sobre el envejecimiento y cómo afrontarlo.
“Quieras o no, la jubilación tiene un componente traumático, desde un punto de vista familiar, personal, de amistad y laboral, y todo eso hay que reconstruirlo, ¿verdad? Por tanto, no hay que preocuparse: hay que tomárselo con calma y nunca pensar que eres viejo; esa idea hay que desterrarla. Si un médico alguna vez te dice que algo te pasa porque eres viejo, cambia de médico. Ser mayor no es ninguna enfermedad; no lo es en absoluto, es simplemente otra manera de vivir. Así que, alegría y seguir adelante”, concluye Antoni, esperando ya con ganas el entreno del miércoles que viene.

